Columna de Opinión: Retorno Inmobiliario 2021


Empiezan a palpitar nuevos aires en la industria. Sí, porque después del plebiscito del año pasado, la calma y la cordura empezó a teñir los mercados y, nuevamente, se comenzaron a tomar las añoradas decisiones de compras de terrenos que permitan reponer el stock de suelo para proyectos 2022.



Así, las inmobiliarias definieron sus estrategias, planes y sistemas para hacer frente a este desafiante 2021. Un año donde cada movimiento debe ser pensado, cada riesgo medido, pero por sobre todo, donde se pondrá de manifiesto quienes cuentan con las competencias, empuje y creatividad para ser los protagonistas del próximo ciclo inmobiliario que recién comienza.

No obstante, hay que tener en consideración que este despegue no carece de incertidumbres y problemáticas. Estamos aún ante un escenario líquido, complejo e inestable. Por lo mismo se requiere de nuevas estructuras organizacionales más flexibles, rápidas y adaptativas. Y si vamos al campo de los proyectos, está claro que este retorno no será lo mismo que antes. Los desafíos requieren de un nivel más elevado de conciencia urbano-inmobiliaria, que implica entender que un buen proyecto debe tener una sintonía fina con el entorno, el medioambiente y sus principales involucrados. Vale decir, que la rentabilidad de mediano y largo plazo se alcanza en la medida que el proyecto resuelva de buena forma su implantación en el territorio. Dicho de otra forma, la creación de valor inmobiliario hoy más que nunca va de la mano de la generación de una buena ciudad y un buen vivir.

En este contexto, existe una nueva visión inmobiliaria:

- La ciudad se densifica y se estira al mismo tiempo. En un mundo cada vez más plano, las ciudades también crecen sin fronteras, buscando la mejor distribución de los actores en los territorios, tanto por motivos de eficiencia, como por comodidad. Dicho lo anterior, Santiago seguirá densificándose en las áreas centrales, pero al mismo tiempo el segmento casas tendrá un repunte, tanto en la periferia como en formato parcelas o en segunda vivienda. El objetivo es estar bien ubicados “dentro de la ciudad”, pero también estar desconectados “fuera de la ciudad”.

- La vivienda social-subsidiable será el motor del desarrollo en el corto plazo, pero también un segmento cada vez más visible y necesario de abordar en el mediano y largo plazo. No podemos concebir una ciudad sustentable sin igualdad y equidad urbana, una de las claves para el desarrollo armónico de nuestra industria y por sobre todo del país en las próximas décadas.

- Proyectos con perfiles de producto mixtos. Tanto en segmentos como en usos de suelo. Mientras más mixtura tengamos, generaremos barrios más integrados, diversos y seguros; y al mismo tiempo dichos proyectos contarán con mayores velocidades de absorción.

- Algunos sub-segmentos seguirán resentidos dados los cambios estructurales en la forma de trabajar, comprar y vivir. Las oficinas se ven remecidas por los cowork y el teletrabajo, mientras que el comercio repuntará lentamente, pero sin volver a los niveles previos a la explosión del comercio digital. El segmento hotelero y de turismo repuntará fuertemente en el mediano plazo. Las necesidades de entretenimiento, descanso y desconexión se reactivarán con fuerza post-pandemia, apoyadas por el teletrabajo y un estilo de vida más saludable.

- La inversión inmobiliaria se consolida como un pilar fundamental tanto a niveles macro como micro. No existe otro vehículo que otorgue más seguridad y rentabilidad. Los ladrillos y los terrenos permiten crear valor y resguardar capitales en un mundo bursátil cada vez más volátil e incierto.

- Por último, la arquitectura también se desafía. Las viviendas deben satisfacer necesidades más espaciales, tanto de trabajo como de vivienda en una misma plaza. Los valores que imperan son: flexibilidad, sustentabilidad, seguridad, habitabilidad y tecnologización. La calidad y el diseño si importan frente a un consumidor cada vez más sofisticado y diferenciado.

En síntesis, estamos frente a un nuevo inicio y retorno diferente. Tenemos el desafío de adaptarnos a estos nuevos paradigmas, a este cambio de conciencia colectiva, a este renacimiento inmobiliario. Todos nos hemos replanteado, como personas, familias y empresas, y nuestros comportamientos futuros responderán a dichas transformaciones. El desafío inmobiliario entonces es escuchar, innovar, volver a lo simple y por sobre todo buscar “un buen vivir”.

Columna publicada por Esteban González, Socio y Director de AGS Visión Inmobiliaria en Diario Estrategia.